14 de septiembre de 2016

Netflix pasa a ser otro estudio más



Con Netflix todos tuvimos un noviazgo maravilloso. Al principio la relación con el gigante del streaming era pura pasión, House of Cards y Orange is the New Black eran dos soplos de aire fresco en la ficción, y nosotros pensábamos que todo iba a seguir así.

No lo fue, y en un movimiento bastante acertado, la compañía empezó a diversificar contenido y a tener ofertas para otro tipo de público con ficciones que no valían la pena o que, eso, directamente no nos interesaban al tener otro target en el que no estábamos incluidos. Hasta ahí todo bien. Una compañía se debe a sus resultados y, si tiene la suficiente potencia económica, necesita contentar a todos sus clientes, aunque eso nos alejara de la (preconcebida) idea de que seguirían creando series premium.

Me refiero con premium a series arriesgadas, alejadas de tópicos y de (glups) superhéroes. Como espectador siento un verdadero cansancio por ese tipo de historias, aunque hayan sabido sacarles buen partido, quizá la hegemonía de Marvel no sean tan idílica como parezca. Y no es que Jessica Jones no sea un personajazo, que sí, pero cuando vamos sumando un superhéroe tras otro la cosa pierde encanto.

Lo que ocurre de un tiempo a esta parte es que las decisiones más complicadas comienzan a ser tomadas. Netflix ha decidido terminar con Bloodline tras su tercera temporada. Es una cancelación, aunque no al uso, porque les va a dar tiempo a darle un cierre a la serie, pero también es una declaración de intenciones.

Los 6 billones de dólares que invierte al año la compañía son un tesoro preciado para la industria, norteamericana, española y de todos los países donde opera, pero parece que las libertades de los primeros tiempos donde la creación de contenidos era libre se está perdiendo. Esto cabrea a los creadores. Y es este control férreo que se viene dando sobre los contenidos de sus producciones, unido al miedo generalizado de las compañías que aportan sus ficciones a esta lo que está haciendo que Netflix vaya virando su modelo de negocio, una vez más, hacia la producción de contenido propio dejando de lado el ajeno.

Por eso ahora en la industria se refieren a ella como un estudio de producción más que analiza los resultados de sus ficciones y las renueva o no en base a su rentabilidad y no al recorrido vital de sus tramas. Podríamos objetar, porque pensábamos que Netflix era Dios, pero lamentablemente todo tiene mucho sentido financieramente hablando.

Y esto nos lleva a la conclusión que Netflix no es el sueño seriéfilo, como cuando nos dimos cuenta que HBO tampoco lo era. Llamadme iluso, pero tenía la esperanza.

Pd: Y si pagamos 8 euros al mes a unos señores que nos brindan nuestra serie favorita y estos deciden cancelarla ¿Nos tendrían que dar una explicación no? Digo yo, puesto que aportamos con nuestra cuota a la creación de estas. Ahí viene la pega.

15 de agosto de 2016

Stranger Things no es tan buena



No como la han encumbrado en este primer mes que lleva online, ni muchísimo menos.

La premisa es divertida y muy ochentera, la atmósfera es original y bastante bien llevada y las actuaciones están muy conseguidas, con la excepción de, claro está Winona, pero no es la serie de la temporada, al menos no en cuanto a tramas, ni efectos especiales, ni factor cómico o dramático.

Dicho esto, creo que el éxito de la serie reside en que funciona maravillosamente bien en el target al que va dirigida, que es el de los nacidos a finales de los setenta y principios de los ochenta. Encaminada principalmente a ellos porque vivieron la época y fueron testigos de primera mano de las películas infantiles y juveniles que se estrenaron en aquel entonces y de las que tanto bebe Stranger Things. Y es por esto que el poder de la nostalgia gana a otros tantos factores que podría debatir aquí y que nunca superarían al primero.

La mayoría de bloggers y críticos de series de este país nacieron a finales de los setenta o principios de los ochenta, y para los que nacimos ya finales de esa última década o a principios de los noventa, nos resulta más complicado encontrarle las infinitas bondades a una serie que, a pesar de ser simpática y bastante entretenida, no supera el hype al que se la tiene condicionada.

Luego está Winona, esa actriz de los noventa reciclada que ni está ni se le espera en la serie. Ese papel histriónico de madre que se queda a mitad de todo, ni convence, ni se rompe ni es capaz de expresar angustia ni pánico ni dolor, un desastre que se compensa gracias a las actuaciones del resto del casting y sobre todo la del maravilloso Finn Wolfhard, que hace de Mike, el verdadero protagonista de la historia.

¿Os recomiendo la serie? Si os gusta el cine ochentero, las historias de amistades en la infancia y todo ello aderezado con un toque de ciencia ficción esta es vuestra ficción. Si naciste en los 90 disfrutarás de ella, pero serás capaz de ver a través de eso llamado nostalgia que, muchas veces ciega.

19 de julio de 2016

Ver Friends 22 años después



Es, sin duda, la sitcom más reconocida de la televisión. Algunos nos sabrán que es The Big Bang Theory o Modern Family pero no creo que haya nadie que no conozca Friends. Bien sea por su impacto cultural, por las múltiples reposiciones en Canal +, Cuatro o cadenas de cable, lo que es evidente es que esta serie fue un fenómeno en España y en gran parte del globo y, no hay nadie que no se haya asomado a este rincón de Nueva York aunque sea siquiera un minuto.

A mí nunca me había importado mucho la serie, primero generacionalmente, porque cuando empezó su emisión no tenía edad para entenderla, y luego porque en diferentes re-emisiones nunca pude cogerla desde el principio. Así y todo y siendo un espectador pasivo sí tenía nociones sobre el carácter de los personajes y sabía grosso modo quién acababa liado con quién.

Muchos la recomendáis fervientemente, pero el hecho de que fueran 10 temporadas me echaba bastante para atrás. Hasta la llegada de la serie a Netflix, donde ante la facilidad para visionarla decides darle una oportunidad. Y era una oportunidad entre comillas. ¿No os pasa que cuando todo el mundo recomienda una serie que tú no ves y la pone por las nubes acabas por cogerle manía? Ese era mi caso, ¡No será para tanto! pensaba.

La cuestión es que empecé a verla y me han sorprendido para bien varias cosas. La primera es el diseño de los personajes. Sencillo, de lo más simple y a veces bastante estereotipado, sobre todo al principio, pero funciona a las mil maravillas. La segunda es la temática, cuando alguien como espectador se encuentra en la misma franja de edad que los personajes es capaz de ponerse en su lugar y comparar. Y aunque no es necesario, ni mucho menos, el hecho de que muchos de los personajes estén en posiciones vitales similares a la mía, esto ha hecho que me enganche a ella irremediablemente. Y eso no quiere decir que un señor o señora de 50 años no pueda engancharse a la serie, eso sería una tontería. Y tercera, que no ha perdido veracidad con el paso de los años. Los estilos noventeros, los buscas, y las televisiones jurásicas no desvían demasiado la atención de unas tramas que podrían suceder perfectamente en 2016 y si lo pensáis, hasta en 2036.

Ahora comprendo que quizá el éxito de Friends sea atemporal, y una conjunción de guionistas y actores en estado de gracia. 22 años después Friends sigue estando de plena actualidad y consigue hacer disfrutar a aquellos que hemos podido presenciar la evolución de las sitcoms durante de década de los 2000 y la mitad de los 2010. Habría que analizar si es que las reglas de las sitcoms no han evolucionado tanto como las del drama. No sé si visionar por ejemplo NYPD Blue, una serie dramática emitida al mismo tiempo que Friends, sería igual de disfrutable tras haber visto Lost, Battlestar Galactica, Breaking Bad o Damages. Pero eso es otra historia.