15 de octubre de 2017

Mindhunter: De oreja a oreja



Mindhunter es la nueva serie de moda. De una moda que durará 15 días. O 20.

Lo digo porque me da la sensación de que estamos ante una nueva y buena serie, que está fabricada y tiene todos los ingredientes para ser eso, una buena serie. Un slow-burn, como la llaman los americanos, que no es más que una serie de lenta.

Algo lento puede ser increíblemente bueno si llega a un fin, o un gatillazo si, al llegar el final de temporada se queda en lo estético. Muchos han comparado este fin de semana a la serie como una Mad Men de psicópatas, y claro, Mad Men tenía mucho de estético, pero no se quedaba en la superficie, rascaba mucho más allá. Para el espectador que quisiera encontrar, claro.




Por eso quizá Mindhunter me deja fascinado en cierto aspecto. Los dos primeros episodios son una continua presentación de los personajes, una buena presentación pero que se excede y, muchísimo, con el metraje. A mí, como espectador no me interesan los procedimentales, no a no ser que me enganche el grupo de protagonistas o la dinámica, y eso parecía que iba a ser la serie. Pero parece que en el tercer capítulo empieza una trama que se va alejando de ser aislada y se entrelaza.

Tiene potencia, Anna Torv sigue siendo puro amor y Jonathan Groof está estupendo, pero esto puede caer en el síndrome True Detective en un abrir y cerrar de ojos. Esta tarde leía en twitter que esta era la serie más Fincher de Fincher y mientras veía el tercer capítulo esas palabras se iban repitiendo en mi cabeza y me luego me aparecía Zodiac, y no sé si eso es bueno o no.

Dejaré mis dudas hasta el fin de la temporada, quiero saber si es superficie o no, si el zarpazo es superficial o profundo, o si los críticos ya la han alzado al máximo nivel tras ver dos episodios y no.

¿Y si la moda dura 4 temporadas?

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