14 de marzo de 2016

¿Quién es ahora el enemigo?



Mi relación amor/odio con The Walking Dead continua más viva que nunca. Entre la emoción por seguir viendo a un grupo de supervivientes avanzar hasta no se sabe bien qué ni dónde, a la estupor de muchos episodios por tramposos con el espectador, extremadamente moralistas o por ser simples rellenos. El hecho es que, después de 6 temporadas, sigue enganchando. Uno no puede dejar de seguir a este grupo de personas ni a los guionistas que, también es cierto, van puliendo cada vez más sus errores.

Hasta el momento la serie había vivido dos fases bien diferenciadas. En la primera el enemigo a batir eran los zombies. Cómo combatir contra ellos y tenerlos controlados. En la segunda etapa el enemigo eran los humanos, los diferentes grupos de supervivientes dispuestos a hacer cualquier cosa por eso, sobrevivir. Y ahora es cuando entramos en la tercera fase.


Spoilers incluyendo el episodio 6x13.

Hablo de aquella que comenzó hace dos o tres episodios y se materializó en el anterior pero que, definitivamente, ha cogido todo el impulso que le quedaba en este. Ahora el enemigo no son los zombis, no son los humanos, el enemigo está dentro de uno mismo. Y de lo que uno esté dispuesto a hacer.

El conflicto moral de terminar con la vida de seres humanos no es nada nuevo en la ficción, aunque previamente se había mostrado como una necesidad imperiosa o como un puro reflejo de defensa legítima ante amenaza. Ahora ha pasado a ser un acto de precaución, y, al incluir a más integrantes del grupo, la sensación de estar cometiendo algo reprobable se acentúa.

Morgan Jones es quizá el personaje que más pereza me produce al visionar la serie, pero indudablemente es quien introduce la reticencia a deshacerse de vidas humanas. Por otro lado vemos como a Carol no le tiembla el pulso cuando el grupo de los lobos atacan Alejandría. O eso pensabamos.

Si algo me interesa de los nuevos episodios de la serie es ese conflicto interior entre la necesidad de matar humanos y las consecuencias psicológicas que en ello repercute. Sobre todo en unos personajes (básicamente los seis iniciales) que no han tenido un momento de descanso verdadero en muchísimo tiempo.

El capítulo 13 es un ejemplo clarísimo de bottle episode, o episodio barato para entendernos, donde se utilizan pocos personajes y un decorado muy limitado que ha salido bien. Intrigante, con buenas actuaciones y un ritmo in crescendo. Eso le pedimos a la serie. O al menos eso lo pido yo. Que tenga músculo, y que cuando lo consiga lo retenga.

Negan aparecerá tarde, apuesto por el último episodio de la temporada, más bien por los últimos segundos de la temporada. Veremos que tal.