6 de agosto de 2014

Outlander se queda entre dos mundos.




La nueva serie de Ron D Moore tenía que ser lo más, vamos, cualquier seriéfilo que se precie sabe que él es el peso pesado, el creador de historias, el que nos trajo Battlestar Galactica, tampoco hace falta decir más. Y por cierto, no el que nos trajo Helix, como quisieron vender los listos de SYFY, puesto que ahí solo ponía el dinero, nada más.

Pero tras ver el piloto te quedas con una sensación ligeramente cálida que no te hace plantearte muchas incógnitas gracias a una presentación que no brilla pero que funciona perfectamente como tal. De los 63 minutos, la primera mitad es quizá la más lenta, y la segunda nos presenta todo el conflicto con el que tendrá que lidiar esta enfermera de la II guerra mundial en un mundo medieval en el que las mujeres están de más.


La presentación de los personajes es excelente, el mundo interior de Claire nos atrapa, y su coraje y valía hacen del personaje todo un acierto. Ella es sin duda la gran protagonista de la historia, y el centro un triángulo amoroso que se vislumbra y que tiene a dos varones que todavía deben demostrar su valía. Los decorados son espectaculares, sobre todo los exteriores, y la dirección no está mal. El guión está firmado por Ron y se nota, porque fluye bastante bien y además porque no se emperra en mostrarnos una aclimatación excesiva de la nueva realidad a la que Claire debe hacer frente, y eso es de agradecer, básicamente porque lo hemos visto en mil seiscientas series antes.

Quizá lo que ocurre es que peca de previsibilidad, ese salto temporal venido como de la nada, por muy mágico que sea el entorno, y el alter ego de su marido en el pasado son efectos dramáticos un poco pasados de rosca en 2014. No sé, quizá en 1991 cuando se publicó la novela en la que está basada la serie no, pero ahora parece un tanto pueril. Y la verdad es que por eso no sé si es que la fuente de inspiración, es decir, la novela, no es precisamente un gran cultivo de historias interesantes, que directamente no soy el público target para una serie de este tipo o que me esperaba algo más moderno y rompedor, algo quizá más adulto.

Y digo todo esto sin saber nada acerca de la calidad de las novelas de Diana Gabaldón pero sí sabiendo como Ron es capaz de reimaginar un contenido y conferirle un tono mucho más interesante. Desde luego y por lo menos se aleja de las series-tipo de Starz y juega a algo más elaborado y menos efectista, y por efectista todos sabéis a qué me refiero.

Todo esto es lo que no me ha hecho explotar, y yo quería explotar. Sabía que no me iba a encontrar con un “33”, aunque esperaba encontrarme con un “33”. Y de aquí viene que el resultado del piloto solo sea el de ligeramente cálido, y he de decir que estoy convencido de la cosa va a mejorar, y aunque no tenga claro que las peripecias románticas en el siglo XVII de una enfermera de los años 40 sea un trama que me llame la atención o me atrape creo que en los próximos 15 episodios habrá mucho recorrido para ver si Ron lo consigue.

Con esto quiero decir que Outlander es un obligado o debería serlo y que por supuesto lo voy a dar ese margen de tiempo para poder rendirme a sus pies, o por lo menos decir que es buena pero no es para mí. Digamos que ha sido una cita con potencial, con una chica guapa y que tiene posibilidades pero que no ha sido un flechazo, quizá por los nervios, y la despedida ha sido dos besos en la mejilla y no uno en la boca, pero hemos vuelto a quedar para la semana que viene, a ver qué tal.