En seis años tan solo había
hablado en una ocasión de una serie española, Crematorio. Y no es que no me
guste hacerlo, al contrario, es que nuestra ficción ha estado estancada durante
mucho tiempo. Y aunque las cosas se están haciendo mejor que nunca, cabe decir
que los que tenemos ciertas nociones de ficción extranjera sabemos que
recientes éxitos de la televisión española no aportan nada nuevo a pesar de
estar magníficamente facturados y con historias bien estructuradas. Son explotaciones
veladas de fórmulas nórdicas, británicas o americanas que, sin ser plagios,
beben y mucho de estas. Y aquí es donde El
Ministerio del Tiempo asesta varios hachazos en contrapunto. De los buenos.
